MISION EN PORTUGAL SEPTIEMBRE 2007



El tres de Septiembre después de haber culminado la misión de Agosto en Irlanda, volé a Portugal desde Dublín y me dirigí a la isla de Madeira que queda situada al sur oriente de Portugal como ventana que mira hacia el norte de África, desde allí se pueden observar, en la lejana distancia sobre el mar, los destellos dorados del imponente desierto del Sahara. Mi primera conferencia fue en la ciudad de Funchal que es la capital de la isla. Predique en una iglesia muy antigua y frente a ella estaba un borde de piedra que mira hacia el mar, donde el apóstol Santiago (el mayor) patrono de la isla, había predicado en muchas oportunidades. Es indescriptible lo que siento al descubrir los pasos de los apóstoles, los que a medida que he viajado por el medio oriente y Europa he ido reconociendo en mi caminar misionero y puedo apreciar como El Señor ha ido abriendo el sendero del Evangelio y continúa enviando sus trabajadores a regar todo lo que ha sido sembrado por siglos. En esta isla estuve de misión por cinco días y visite tres ciudades. La topografía de la isla es montañosa y volcánica, majestuosa presencia de la Iglesia Católica que ha sembrado caminos de peregrinación por encima de las montañas y se extienden por millas en medio del más misterioso paisaje que continuamente deja aparecer el mar aquí y allá, con estaciones de la cruz e imágenes de Santos y de Ángeles. Esta isla no ha permitido la entrada del engaño de las sectas protestantes o magos Simones que hoy se conocen como cristianos, pero si mantiene una amenaza constante con la brujería africana por estar inmediatamente en su vecindario. La unión europea ha contribuido con su política masona a un desmoronamiento de los valores y la moral en toda la unión, y en Portugal se comienza a sentir ya con la aprobación de las leyes que legalizaron el aborto. En esta isla el gobernador de muchos años, se opone rotundamente a permitir el aborto en el territorio de Madeira y exige que quien quiera cometer ese delito, se dirija a otro lado del continente.

De Madeira volé a Lisboa para predicar un retiro en la ciudad de Fátima que queda a una hora de Lisboa. En esa ciudad privilegiada por la aparición de la Virgen María a principios del siglo XIX a los tres pastorcitos Francisco, Jacinta y Lucia, prediqué un retiro de dos días en la comunidad de Hijos de Fátima. La experiencia del santuario de Fátima es siempre de unción y compenetración en el misterio de la pedagogía del Padre celestial, quien constantemente nos esta dando señales de Su Divina Presencia por medio de Su corte celestial representada en la Virgen María, Sus Ángeles y Santos. El retiro incluía una Eucaristía en la tarde en la Basílica de Fátima, un honor y una dicha grande. Los cuerpos de los tres pastorcitos yacen enterrados a ambos costados del altar. Se sabe que el cuerpo de Jacinta esta perfectamente incorrupto, el de Francisco tiene todo incorrupto menos la cabeza, debido a un mal trato al desenterrarlo la primera vez y el de Lucía aún no se ha revelado su estado y no se sabrá oficialmente hasta dentro de dos años más.

La comunidad en retiro fue muy receptiva y numerosa, este fue el segundo retiro que predico en Fátima. De allí regrese a Lisboa donde predique en tres iglesias y tuve la dicha y el honor de visitar la iglesia que se construyó hace 700 años sobre la casa donde nació San Antonio, conocido como de Padua en el mundo entero y en su tierra natal Lisboa, como San Antonio de Lisboa. Indudablemente uno de los santos más grandes de la Iglesia Católica. Como fue un predicador de magnitudes absolutamente sobrenaturales, su lengua quedo incorrupta y se venera en la iglesia que lleva su nombre en Padua, Italia. Hablar de él costaría muchas páginas y no es este el espacio para ello, pero honremos a San Antonio en acción de gracias por las maravillas que Dios continua haciendo a través de los siglos de Cristiandad.

De Portugal me traslade a Colombia para realizar misiones en la base de la misión en Bogotá y para prepararme espiritualmente para las misiones que siguen