Mision en Venezuela en Abril del 2006
Misionar en Venezuela es una oportunidad para reunirme con un grupo muy querido
de católicos que forman parte de ese remanente de nuestra Iglesia Católica ,
sobre el cual descansa una milicia árdua y desafiante, pero que al mismo tiempo
va enriqueciendo en santidad esas comunidades fieles.
Venezuela atraviesa una situación muy difícil como nación, en su gobierno,
economía y estructura social. Al mismo tiempo, vive una renovación espiritual
por la presión de los tiempos y las dificultades. Es muy reconfortante ver cómo
la Iglesia se vá despertando y santificando a medida que aumenta el dolor de su
pueblo creyente que siente el dolor del pecado y que comprende el nivel de las
ofensas a Dios.
Tuve la oportunidad de viajar a Valencia y predicar en la iglesia de los
misioneros Escalabrinianos de origen Italiano, cuyo párroco es de Brasil. En el
salón social de la iglesia y después de la Santa Misa de 7:00 p.m. se reunieron
un buen grupo de fieles a compartir conmigo la reflexión sobre mi conversión.
Esta era una noche muy triste para los Venezolanos por estar sufriendo la
noticia del asesinato de tres jóvenes y su conductor, quienes habian sido
secuestrados unas semanas antes por lo que parecia ser un grupo de policias de
la ciudad de Caracas. Aparecieron ejecutados y el dolor se sentía por todas
partes donde viajé durante esos cinco días de misión. La madre de los niños
muertos, una mujer valiente, de rito católico Maronita, se convirtió en un
apóstol de la Misericordia Divina al aparecer en los medios de comunicación
consolando al pueblo de Venezuela, dandoles el testimonio de fe y valentía más
admirable que se pueda esperar en un caso tan difícil. Dios se glorifica en
momentos tan angustiosos y absurdos, edificando al hombre en medio de un pecado
que tiene consecuencias en una sociedad entera y raices en todos sin exepción.
Pude acompañaar las congregaciones que se reunieron, compartiendoles mi
experiencia de secuestro en Colombia. También invitandolos a unirnos en oración
para implorar perdón de Dios para el pueblo entero, para que levante la licencia
que lleva el maligno para llevarse la paz de los hogares, la paz de la nación.
Visité Barquisimeto, una ciudad industrial, donde tuve la oportunidad de
compartir con un sacerdote carismático de origen español, pero residente en
Venezuela por más de 40 años. A su edad de 80 años, mantiene un ritmo de trabajo
bajo una frente de santidad admirable. Su iglesia, en la zona central de la
ciudad, es visitada por miles de personas y su entusiasmo por Jesús y la
Santisima Virgen María, contagia masas de gentes, consiguiendo bendiciones del
cielo para todos los fieles que allí se reunen. Fue una verdadera bendición
conocerle y compartir con él. Planeamos hacer otra misión en el mes de
Septiembre con la ayuda de Dios.
En la noche compartí la misión con la Iglesia reunida en la casa de un
matrimonio muy comprometido con el Señor Jesús y fieles a la Iglesia Católica de
una manera admirable. Un Corazón lleno de caridad, y todas sus posesiones
consagradas a la Gloria de Dios.
El siguiente día regresé a Caracas y prediqué en una iglesia en las montañas de
la ciudad, en una zona residencial. Un buen grupo de personas es reunieron y
pudimos darle un cierre a la misión en Venezuela con mucha unción y alegría.
Creo muchísimo en la renovación de la Iglesia Venezolana, en medio de tan dura
prueba, pero puedo ver como la mano de Dios está abrazando a Su pueblo fiel con
inmensa Misericordia.
Al igual que en casi todo el mundo católico hoy, Venezuela también presenta
problemas de Nueva Era muy serios dentro de las filas de la Iglesia. La brujería,
el espiritísmo, todas las posibles supersticiones, son ala central de los medios
y la moda. Hay también un despertar, una llamada de alerta al mismo tiempo, que
comienza a evangelizar al católico ignorante de este pecado.
Oremos todos por la Iglesia Católica de Venezuela, para que El Padre Celestial
por la Sangre de nuestro Señor Jesucristo y la intercesión de la Santísima
Virgen María, llene de fortaleza al remanente de fieles, para que puedan
afrontar la batalla de los tiempos que viven y triunfen sobre todas las fuerzas
del mal que los embargan en estos momentos.