REFLEXION MISIONERA DE OCTUBRE 2006

Las misiones de la Iglesia Católica en el mundo entero, están embargadas por una batalla que sin lugar a dudas es la final, y por lo tanto es esencial darle una inmensa prioridad a la intercesión de parte de todos los fieles para que los misioneros que viajamos por todo el mundo, llevemos ese respaldo espiritual de toda la Iglesia militante que, consciente de su milicia, apoya desde su puesto a todos los que tenemos que salir a las líneas del frente a batallar cara a cara contra los demonios del mundo.

Vivimos un momento en que las fuerzas del mal, que por siglos han infiltrado la Iglesia preparándose para debilitarla en este momento de batalla, comienzan a emerger desde dentro, vestidas en algunos casos de clero y de laicos muy comprometidos.

Recordemos las palabras de Pablo VI cuando nos advirtió que veía el humo de Satanás entrar por debajo de la puerta de la Iglesia, esto no fue una simple homilía papal, esto fue una advertencia real.
Tendremos que afrontar los crecientes pecados del homosexualismo, la infiltración del orientalismo vestido de cristianismo, las fuerzas de la Nueva Era vestidas con traje de “autoestima y realización personal con el pensamiento positivo”,La desobediencia al santo Padre y a la Santa Sede, la indiferencia con la Sagrada Liturgia y la Sagrada Tradición.
No nos asustemos cuando veamos todas estas sorpresas malas brotar del corazón de consagrados, de los cuales esperábamos la santidad y la más alta fidelidad a Dios.
Es tiempo de ponernos la armadura de Dios y estar preparados para vivir una fe que está alimentada por una estricta relación personal con Jesús nuestro Rey y Redentor, sin importar los errores y las infidelidades de los hombres para con Dios y Su Iglesia. Debemos enfocar nuestros ojos en Jesús y no en los hombres, porque si no lo hacemos así, los hombres nos decepcionarán y nuestra fe no podrá sobrevivir los cambios que nos esperan.
Fijemos nuestra atención y esperanza en El Señor y así podremos lograr alcanzar a ser partícipes de una batalla en la cual podamos aportar la parte que nos corresponde como soldados, para la cual fuimos creados, para la cual nacimos en estos tiempos finales de la historia de nuestra humanidad.

El llamado es a estar alimentándonos de Jesús Eucaristía, viviendo una vida SANTA en la cual nuestra alma pueda, con fuerza, enfrentar el mal sin tener ninguna negociación con el, para así dominarlo y exorcizarlo de nosotros y de todas las almas que Dios coloca en nuestro territorio espiritual
Cuidemos de no coquetear con las sectas protestantes conocidas convenientemente como “Cristianas”, que no cesan de sembrar el error y el odio contra las Tradiciones y enseñanzas Sagradas de la Iglesia Católica. No podemos confiar ni aprender de personas que niegan la existencia del purgatorio, que rechazan la relación con la maternidad celestial de la Virgen Marìa, que se asustan al ver un crucifijo con el que la Iglesia Católica a exorcizado los mas grandes demonios del infierno, que se escandalizan cuando nos ven recordar la familia de Dios por medio de imágenes de un Dios que se hizo hombre y que fue visto por mas de 500 personas subir al cielo, según lo constata San Pablo en Los Hechos de los apóstoles y del cual se ha trasmitido su imagen por dos mil años de cristiandad. Amémoslos e imitemos la fuerza con que ellos predican, pero fuera de orar porque regresen a la Iglesia madre de donde fueron sacados por un monje católico alemán de nombre Martín Lutero, durante la reforma hace mas de 500 años, o de un diàlogo ecuménico en el que procuramos la paz entre las Iglesias, no hagamos màs nada que nos contamine con sus errores, ni propaguemos su literatura, porque èsto sòlo contribuye a respaldar su aguerrida labor de sacar a los tibios y a los débiles de la Iglesia Católica a adorar en bodegas y garajes a un Jesús resucitado, de la prosperidad terrenal y de la salud física, en la cual centran sus ministerios para llevarse a los incautos y los que buscan tesoros y beneficios terrenales por encima de los celestiales, de los que rechazan la cruz por llevar la corona de las glorias temporales.
Vivamos unidos como un ejercito que lleva todas las verdades reveladas por Jesùs y que sin miedo por ser hijos de Dios, empuñemos nuestras armas espirituales de la Fe, para derrotar las fuerzas del mal, del territorio que nos va asignando el Señor Jesùs, nuestro Comandante Divino nuestro Rey y Señor. Amen.