REFLEXION DE NAVIDAD 2006

 

Continuamos caminando por los senderos escarpados del exilio terrenal. Unos vamos amparados en filosofías del mundo que inventamos o imitamos de antaño y con ellas caminamos tejiendo una vida de acuerdo a nuestras conveniencias, decidiendo y respirando en nuestra humana voluntad. Otros vamos caminando sobre la huella de Jesús, anhelando la patria celestial, suspirando de gozo en la promesa de la llegada a la Santa ciudad de Luz, la Jerusalén del cielo, morada de los santos, viviendo en la Divina Voluntad.

Más, en medio de esta ruta del destierro, todos sin excepción, vamos sumergidos en el misterio insondable de esta existencia humana que cargamos en nuestros huesos, sentidos, instintos y razón. Ninguno nos escapamos de vivir en el estuche de una mortalidad inminente que no perdona criatura alguna y sin discriminar, así como se nace, se llega igualmente a la muerte. 

Pero que diferente es abrazar el misterio de la mortalidad en la  verdad revelada por Jesucristo el Redentor y Salvador de los hombres. Que llena de gracia y de luz es la vida que se vive con la fe del Bautismo, don de vida eterna y liberación del mal ancestral del pecado original. Que mirada de amor y sonrisa de compasión y misericordia la que viste quien lleva la bendición de ser de Dios Padre en Su hijo Jesús. 

He aquí la diferencia: Una vida sumergida en el mundo, sin fe y sin esperanza eterna, es una vida sin luz y sin amor, amparada solo por glorias terrenales mortales, transitorias, vacías y vulnerables a los acontecimientos humanos y naturales. Es una vida esclavizada de las emociones de la carne y el mundo.

La mirada, la sonrisa y la intención de un hijo del mundo están enmarcadas por la avaricia, el egoísmo y la carne pesada del pecado. 

No es cuestión de decisión, es vivir sin ilusión para abrir la puerta a la verdad y esta misma se realizará dentro del ser que vacío de si mismo, se deja llenar del TODO y comienza a existir como instrumento del Creador.

Que esta Navidad abra los corazones de todos los que están endurecidos por las fantasías del mundo transitorio del destierro y los llene de la Gracia del Pesebre de Belén que emana desde la cuna de paja donde yace la Divinidad del Verbo encarnado, que sonríe desde Su Divina Infancia y abraza nuestra humanidad rota y oscurecida. 

Que esta Navidad sea ungüento celestial para el corazón y alma de todos los fieles que conocen el Portal de Belén y vienen a adorar al Niño Jesús trayéndole el oro, el incienso y la mirra de sus vidas, de su caminar en la obediencia al Amo Celestial, Jesucristo nuestro Rey y Salvador.

 

FELIZ NAVIDAD!