MISIÓN EN MEXICO DICIEMBRE 2006

 

Entrar a México por la frontera que da a Tijuana es vivir una experiencia única. De un lado, se ven líneas de cuadras enteras de automóviles esperando cruzar hacia los EEUU y líneas de hasta dos o tres mil personas que intentan hacer lo mismo a pie. En pocas palabras: Es una escena caótica por decir lo mínimo. Por el contrario, al cruzar hacia México, se encuentra la sencillez y un espíritu de llegar a un país donde el ser humano aún es recibido como tal, como ser humano. Si se es ciudadano de otra nación diferente a estas dos mencionadas, no se comprendería lo difícil que es para estas dos naciones  manejar la situación de emigración a los Estados Unidos de todo el mundo, vecino y lejano. Estas ciudades fronterizas de México son el blanco del más increíble flagelo de extranjeros, que cuando no logran ingresar ilegalmente a los Estados Unidos  se quedan en estas ciudades cometiendo toda clase de crímenes para poder subsistir, insistiendo en lograr pasar la frontera.

 

En la ciudad de Tijuana prediqué en el Instituto México, esta conferencia fue organizada por la renovación carismática local y con asistencia de mucha gente que pasó la frontera desde San Diego, California,  por llevar entre estas dos ciudades una gran hermandad en Cristo.

La conferencia duró dos horas y luego pude compartir con la congregación un buen rato de oración. Fue para mi un honor  conocer a todo este pueblo mexicano de Dios, que se reunió esa noche para glorificar al Señor. Acordamos  un retiro de cuaresma para el mes de Marzo si Dios quiere.

 

Al día siguiente partí a Mexicali, un viaje por tierra de dos horas atravesando una zona rocosa preciosa  y misteriosa. Toda esta tierra de Baja California, es desértica y de un aspecto encantador por su textura arenosa y bordada por imponentes cactus de todas las especies, por cuyas arenas se ven aparecer como por arte sobrenatural, bellos y ágiles coyotes. Según me cuentan, uno de los habitantes más respetados, por su severidad, es la serpiente cascabel.

En Mexicali fui recibido por un sacerdote muy ungido, párroco de la iglesia de San Francisco. Allí me hospedé en la casa cural, lo cual es para mi un gran honor, pues  tener el Santísimo Sacramento asequible de tan cerca, es algo demasiado grande para este simple peregrino.

El sacerdote y su equipo se preocuparon de organizar unas actividades para cada día, en las cuales pudimos predicar a muchísimas personas. El último día se hizo un retiro de todo el día, para los servidores de la parroquia. Me despedí con mucha alegría de haberlos conocido a todos y de haber unido nuestros corazones en Cristo para continuar nuestras separadas jornadas pero en el mismo Espíritu. Acordamos también los retiros de cuaresma para el mes de Marzo.

 

A la mañana siguiente volé a Reynosa vía ciudad de México. Esta ciudad es también fronteriza, y con las mismas situaciones de las otras, con referencia a los conflictos migratorios fronterizos. Fui recibido por una familia muy ungida por El Señor y muy respetada en la ciudad. Por lo que pude observar, en su mayoría eran todos de profesión médicos y de diferentes ramas de la medicina.  

 

 

Fue para mi un gran honor conocerlos a todos y sobre todo conocer el testimonio de Toño Bracho quien fue el centro de esta misión y el motor espiritual de la velada. Su testimonio movió una numerosa congregación de Reynosa, en su mayoría jóvenes. Toño sufrió un accidente automovilístico tres años atrás y quedo paralizado de la cintura hacia abajo y esto lo llevó a una experiencia con Dios extraordinaria, la cual ha movido muchos corazones a una profunda reflexión sobre sus vidas y sobre todo en relación con Dios. La noche la vivimos en un coliseo cubierto, lleno a su capacidad y todos salimos de allí muy llenos del Espíritu del Señor. Reynosa es una ciudad llena del calor de los corazones del pueblo mexicano, amables y generosos. Llevo un lindo recuerdo  de todos  ellos,  y le pido a Dios que pronto nos vuelva a reunir en su nombre y para su gloria.

 

Regresé a ciudad de México donde tuve dos actividades evangelizadoras y cerré mi misión con una gran bendición. Asistí a la Basílica de nuestra Señora de Guadalupe el Jueves 7 faltando cinco minutos para las cinco de la tarde, sin conocer el programa del día, arribé al lugar santo por entre cientos de indígenas que llegaban desde lugares muy lejanos, en preparación para la gran fiesta de nuestra Señor de Guadalupe, el 12 de diciembre,  casi todos iban de rodillas desde mucho antes de entrar al templo mismo y cargados de adornos de flores muy grandes. Después de arrodillarme para honrar a nuestra madre Santa de Guadalupe, me encontré en la salida al altar con un gran desfile de niños cantores, quienes acompañados de más de veinte sacerdotes se dirigían a celebrar las vísperas de la fiesta de la inmaculada concepción del día siguiente, 8 de diciembre. Las vísperas fueron celebradas en forma celestial con grandes incensarios los cuales fueron alimentados por los sacerdotes quienes se acercaban en orden a depositar el incienso en las urnas ardientes. Luego continúo la misa en medio de los más hermosos cantos. Que forma mas bendita de terminar  una misión, solo le puedo dar gracias a Dios y pedirle mucho por México y su gente para que en este nuevo gobierno que apenas inicia, se viva la paz y la justicia para todos.