MISIÓN EN CANADA DE NOVIEMBRE 2006

 

Llegué a Toronto el 1 de Noviembre para iniciar una misión de dos semanas en la provincia de Ontario.

 

Visitar  Toronto es llegar a una ciudad donde encuentro una familia en Cristo, que ha ido creciendo más y más desde la primera misión allí en el año 2001. Desde entonces, dos veces al año misiono allí y en esta oportunidad me reuní con una misionera de origen irlandés que se llama Carmél Harasym,  quien ha sido un gran apoyo para nuestra misión de Los Peregrinos del Amor en todo el mundo.

Carmél organizó conferencias en cinco diferentes parroquias de Toronto, un convento de monjas carmelitas y tres grupos de oración: uno de filipinos, otro de croatas y otro de canadienses de origen anglo.

La misión fue ungida por muchas bendiciones y pude apreciar los cambios de las comunidades con el correr de los días, pues aquellos que perseveran en la fe, cada vez están mas fuertes y mas humildes, con mas amor y caridad y se oye de algunos que no perseveraron y regresaron al mundo para caer aún más profundo en el abismo. Todo esto es una lectura natural que se da al visitar con frecuencia las comunidades, y la voz del Divino Pastor que no cesa de hablarle a su pueblo por medio de toda clase de prodigios y bendiciones en los instrumentos humanos más simples e insignificantes para el mundo.

Al terminar esta serie de conferencias en Toronto, me dirigí a la ciudad de Marmora, Ontario. Un lugar bañado espiritualmente por la aparición de la Virgen a una vidente de origen filipino. Cuentan con una extensión de tierra considerable y una montaña donde están las estaciones del Viacrucis en cuya 10ª estación esta la cruz luminosa, de una altura gigantesca y donde se aparece la Virgen repetidamente a muchos peregrinos de todo el mundo.

Estuve invitado a predicar allí a los peregrinos, junto con el Obispo, Monseñor Roman Danylak, y el profeta americano John Leary. El día transcurrió en medio de muchos eventos relacionados con las diferentes misiones por el mundo de los nuevos apostolados y las reflexiones hechas sobre las comunidades tradicionales que están perdiendo el norte de Dios y cayendo en los más horribles errores o abominaciones. En medio de todo, fue una velada espiritual llena de esperanza, pues se evidenció la realidad de que por cada comunidad tradicional que se cae, se levantan 10 nuevas. El Espíritu Santo siempre actuando dentro de su Iglesia.

 

Al día siguiente viajé por tierra  durante dos horas a Combermere, Ontario y me reuní con Joseph Martin y Mary Jean su esposa. Dos apóstoles grandes de nuestra Iglesia, que dejaron todo en la ciudad de Windsor, Ontario, donde gozaban de muchas oportunidades en el mundo, él como ingeniero mecánico y ella como enfermera especializada. Abrazaron un apostolado admirable después de una serie de conversiones en Medugorje. Compraron una buena extensión de tierra y comenzaron a edificar una vida nueva a manera de la Iglesia primitiva y con una fe y un amor que inspira hasta a la persona más escéptica. En esta área de Ontario se han ido reuniendo más y más familias católicas, con el correr del tiempo, que vienen huyendo de la decadencia moral y espiritual en que esta cayendo Canadá y traen a educar a sus hijos en las casas con un sistema legal establecido. Educándoles en la fe y con valores y moral, algo que ya no reciben ni siquiera en los colegios Católicos. Siempre nos reunimos con todas esas familias y hacemos retiros de un día. También, por segunda vez, pude hablar en el colegio publico local, un plantel que reúne estudiantes de toda clase de creencias o ninguna creencia, un buen desafío para mí como misionero, donde mido el nivel de mi fe y la capacidad que puedo ir adquiriendo de cada vez abandonarme mas a Dios y saber que solo El le puede hablar a un grupo de personas así, sobre Sus maravillas y Su amor.

Combermere es la casa de una comunidad que yo quiero y respeto altamente:“ Madona House ”. Fue fundada por Catherine Doherthy,  una mística de origen ruso, que murió en los años setenta y dejó un legado espiritual a nivel mundial. En esta población se encuentra la casa madre y hay 186 laicos consagrados, veinte sacerdotes y un Arzobispo retirado. Siempre los visito. Ellos cuentan con una enorme instalación en el bosque, con ríos, y son autosuficientes en casi todas sus necesidades básicas. Joseph y Mary Jean me recibieron con mucho amor y pudimos realizar una extensa misión en solo tres días.

 

De allí me traslade a Windsor, Ontario y me reuní con otro grupo de misioneros locales a los que visito cada vez que voy al Canadá. Logramos predicar en dos lugares en un día de visita.

 

El día siguiente visité la ciudad de Londres, Ontario y le prediqué a un grupo de personas muy variado, entre ellos varios compatriotas míos.

Esta ciudad es la  nueva casa de muchos refugiados colombianos, en su mayoría profesionales, que han sido victimas de la violencia de las guerrillas.

 

El día siguiente viaje a Paincourt, Ontario,  a una comunidad franco-canadiense carismática y muy ungida, con  25 años de vida parroquial. Pude reunirme con Marie Alexander y Paul, los dos líderes. He visitado esta comunidad desde el año 2001, una o dos veces al año. Ellos gozan de un ministerio de sanación y liberación y lo más grande: de adoración al Santísimo, con vigilias todos los primeros viernes del mes que duran la noche entera. Es un gozo encontrar soldados de este tamaño.

Al día siguiente viaje a Los Estados Unidos a comenzar en Detroit una misión de dos semanas por los Estados de la Unión.