MISION EN CANADA DE ABRIL DEL 2006

Llegué a Toronto el Viernes Santo en la tarde. Fué un verdadero sacrificio salir de la casa de oración de Bogotá, sede de la misión para Latino America. La semana Santa la vivimos congregados en diferentes actividades de acuerdo a la Liturgia y compartiendo al mismo tiempo con un grupo numeroso de la parroquia de San Norberto a donde pertenece nuestra misión en Bogotá y bajo cuyo Obispo, en obediencia, estoy yo y toda la misión de los Peregrinos Del Amor.
El Jueves Santo con los jovenes de una comunidad láica de Bogotá, compartimos una vigilia que comenzó a las 5:00 p.m. y terminó a las 3:00 p.m. del Viernes Santo. Fué una experiencia muy hermosa y ungida. Recibimos muchas bendiciones. Salir para el aeropuerto, después de una actividad tan bendecida fue difícil, por no querer dejar el estado de elevación a donde nos llevó El Señor en grupo, pero al mismo tiempo me dió mucha fuerza al pensar en que salía a una misión de cinco meses,por 18 paises y que llevaba en todo mi ser la unción de una Semana Santa tan bendecida.
El Sábado temprano, fuí llevado a Kitchener, Ontario, una ciudad que queda a una hora de Toronto. Allí me reuní con un grupo de católicos de origen hispano. Pude compartir con ellos una reflexión de Semana Santa, profundizando en los misterios de la Liturgia y nuestra verdadera relación con el tesoro de nuestra fe.
Es para mi una bendición ver inmigrantes que están buscando sinceramente a Dios y que no se están dejando llevar por el materialismo que se vive en estas naciones industrializadas, donde aún la religión es un pasatiempo más de la cultura. Muchos católicos que emigran a estos países se deslumbran con el brillo del oro y las comodidades y pierden sus almas. Pierden sus identidades y se convierten en híbridos que carecen de raíces y que han perdido a Dios.
Oremos mucho por estos inmigrantes que han logrado mantenerse fieles a Dios o que han sido rescatados por El Señor después de haberse perdido por un tiempo.
Esa misma tarde me reuní en Mississagua, Ontario, otra ciudad que forma parte de la gran metrópolis de Toronto, con Los Servidores de La Santisima Trinidad. Es una comunidad laica formada por una irlandesa muy valiente, que desde un hogar con cuatro hijos, ofrece a la Iglesia un apostolado de evangelización y ministerios de caridad en varios frentes. Allí les hablé de la Obediencia.
El día siguiente viajé a Ridgetown, Ontario, donde me reuní con un sacerdote canadiense,el padre Martin Johnston, con quien el siguiente día viajamos a Windsor para misionar durante dos días en tres diferentes actividades. Allí en esa ciudad de Windsor nos unimos al Padre George Bune de la comunidad de los Basileos y a una pareja de laicos comprometidos:Jeff y Susan Cada, para compartir con un buen número de fieles, una serie de reflexiones sobre nuestra fe Católica.
En medio de una Iglesia católica canadiense donde se cierran iglesias por falta de sacerdotes, donde muchos sacerdotes y religiosos viven una vida superficial e infectada por la nueva era y una mentalidad m´ss corporativa que espiritual , se purifican almas fieles y valientes que dan la vida por Cristo y por la Iglesia para reparar por todos estos pecados de abominaciones, sacrilegios y apostasía. Es muy lindo ver como Dios nunca abandona a Su Iglesia y a pesar de los tiempos, siempre lleva ese remanente fiel de la mano, en medio de los mas grandes sufrimientos.
Oremos mucho por los sacerdotes, religiosos y laicos fieles en Canadá que son las columnas que sostienen la fe y también oremos por la conversión de los infieles que están en peligro de condenarse.