NAVIDAD Y FIN DE AÑO 2009
Es un poco extraño ver cómo Dios puede transformarnos y cómo nuestras vidas pueden volverse completamente irreconocibles cuando las vemos con los ojos del Señor, opuesto a la visión que teníamos en nuestro “hombre viejo”, alejado de Dios, cuando veíamos la vida solo con los ojos del yo.
Volver a la casa madre de la misión de Peregrinos en Bogotá, Colombia, cada Navidad, es un crecimiento constante, siempre nuevo, siempre es un aventurarse más profundo en el infinito Océano de Dios, una observancia de lo drástica y abundante que es la experiencia de vivir con Dios, lo tanto que nos cambia transformándonos en un ser humano completamente nuevo.
Para nosotros, los Peregrinos del Amor en Colombia, la Navidad es el punto más alto del año. Estamos ciento por ciento centrados en la Divina Infancia, toda nuestra espiritualidad y guía misionera vienen del Divino Infante. Por eso la Navidad es algo verdaderamente grande para nuestra misión. Cada año el Niño Jesús Se asegura que sepamos cuán grande es Su amor, y cuánto El respalda esta misión que El nos ha confiado por todo el mundo.
El pasado 2009 fue un año de viajes constantes alrededor del mundo, y quizás, para expresarlo mejor: uno donde no paré de viajar, no muy diferente a los últimos diez (10) años de la misión, pero siempre con un ritmo creciente que empuja todo mi ser al abismo de la completa confianza en Dios. Todo se mueve tan rápido, tan milagrosamente rápido, que pareciera que no hay tiempo de ver a través del velo supernatural para calcular el movimiento de la mano de Dios en cada paso del camino.
Existe una cosa de la cual estoy seguro, absolutamente sin ninguna duda: Yo vivo una misión sobrenatural. Pudo sonar pretencioso el haberlo mencionado unos años atrás, pero hoy testifico que es un hecho, es un testimonio por sí mismo. He visitado hasta el momento noventa (90) países en los cinco continentes y vivo completamente en fe. Nunca he llamado a nadie para que me invite a misionar en ningún lado en los últimos diez (10) años y no tengo tiempo para ir a todos los lugares a donde he sido invitado. Tengo un estado de salud que naturalmente no me permitiría vivir este ritmo de vida, pero lo vivo y mi salud responde perfectamente aunque tengo un corazón reparado y una que otra dolencia. Esas son algunas de las razones por las cuales celebro tanto la Navidad, para glorificar al Señor en Su Divino Pesebre de Belén, yo me aseguro que sea la celebración más grande; comienza el 16 de Diciembre con la Novena de Navidad del Divino Niño, la cual termina el 24 de Diciembre con la Misa de media noche.
Durante estos días, cada noche celebramos la Eucaristía, tenemos un concierto de villancicos y yo doy una charla sobre la Divina Infancia, con una duración aproximada de tres horas dónde muchas personas asisten. En el primer fin de semana de la Novena yo realizo un retiro de dos días (20 y 21 de Diciembre) de charlas y música, en un auditorio para cerca de mil doscientas (1.200) personas.
Ya para el 24 de Diciembre éramos cerca de sesenta (60) peregrinos, entre nosotros familias completas con niños, tuvimos la Misa de media noche, el concierto de villancicos y la cena, y estuvimos juntos hasta las cuatro 4:00 a.m. y tuvimos la Navidad más ungida y espiritual hasta ahora. Cada año es más y más grande y más y más importante para cada uno de nosotros. Uno puede ver los niños volviéndose más y más conscientes sobre lo que están viviendo. Sentimos un manto poderoso sobre nosotros, el Divino manto Real de nuestro Niño Jesús Rey. Deseamos que todo el mundo esté con nosotros y de alguna manera lo hacemos posible porque nuestras oraciones son para toda la humanidad.
El 31 de Diciembre tenemos vigilia toda la noche de adoración del Santísimo Sacramento. Este año todos nosotros estuvimos completamente en silencio mientras escuchábamos el ruido de la gente celebrando en las calles el Año Nuevo. Muchos de ellos practicando tradiciones paganas y supersticiosas, muchos otros borrachos y ruidosos y otros corriendo por todas partes.
Fue poderoso el silencio que vivimos, no nos movimos, alabamos al Señor y le agradecimos y le pedimos que aceptara nuestro silencio en reparación por toda la irreverencia hacia El durante la celebración del Año Nuevo por parte de muchos.
El sacerdote que debería regresar a celebrar Misa a las seis de la mañana (6:00 am) llegó tarde y terminó celebrando a las ocho y media (8:30 am), entonces la Misa y el final de Adoración que duraron cerca de dos horas, fue una larga prueba de resistencia para evitar caer dormidos. Finalmente lo logramos y cundo todo terminó estábamos totalmente despiertos como si hubiéramos dormido toda la noche.
Es maravilloso vivir la vida con Jesús en las misiones, poder convertir toda nuestra vida en una misión con Jesús.
Que Jesús reine en nuestra vida como la principal misión. Que la misión en nuestras vidas sea Jesús.
Feliz Año para todos ustedes!! Marino Restrepo, Peregrinos del Amor, Bogotá, Colombia